Qué me pasa, cómo me siento, cómo me veo cuando digo SÍ, pero la realidad es que quiero decir NO

Has reflexionado alguna vez acerca de la importancia de saber decir NO.

Seguramente está situación te suene conocida:

Una amiga te dice para ir al cine. 

Cuando en realidad a ti no te apetece.

Pero para que tu amiga no se lo tome a mal, aceptas y terminas diciendo que sí.

Cuando ya te encuentras viendo la película, ésta realmente no te gusta y esa vocecita interior empieza a machacarte: 

“Te lo dije, esta peli es malísima”, 

“Siempre igual, tú por no decir que no, aquí estás viendo una peli fatal”

“Vamos a ver, cuándo serás capaz de decir que no” 

Así, esa vocecita continua y continua comiéndote el coco.

Pero qué pasaría si por una vez antes de decir que sí automáticamente, te tomas un momento, marcas el límite y dices “NO”, mirando a los ojos a la otra persona, con voz firme y decidida, sin sentir culpas, ni pensar en el “qué dirán”.

Lo sé, esto no siempre es fácil.

Existen múltiples factores que inciden en nuestra capacidad de poner límites y de negarnos a peticiones de los demás.

Algunos de estos factores puede ser: 

  • Sentirnos egoístas o culpables por denegar el pedido de la otra persona y más aún cuando es un amigo, tu hermano, tu hermana, tu madre, tu padre, un jefe, un compañero de trabajo, etc. En este momento priorizamos la necesidad de los demás por encima de la nuestra, cuando la respuesta está en encontrar el equilibrio, porque tampoco se trata de ponernos por encima de los demás, pero tampoco desplazar nuestros deseos o gustos por los de otra persona. 
  • El exceso de responsabilidad, a veces nos sentimos responsables por todo y por todos, este tipo de pensamientos crea una carga importante sobre nuestra espalda y nos lleva a asumir responsabilidades que no son nuestras, y este factor hace que las personas que nos rodean, en cierto modo se aprovechen de él, demandando una ayuda que no siempre nos compete.
  • Sin duda el “qué dirán” es otro factor que tiene mucho peso. A quién no le gusta caerle bien a todos,  ser el mejor alumno, el mejor profesional, el mejor hijo, la mejor madre… Este pensamiento persigue el fin de evitar conflictos, querer agradar, en definitiva busca que nos quieran y acepten. Para evitar esta situación, pongamos en marcha nuestra capacidad de afrontar la realidad y de gestionar los conflictos. 

Pues ahora te contaré cómo hacer para decir NO, cuando tú así lo decidas.

Un factor importante en la comunicación con las personas que nos rodean es la asertividad, porque permite que los mensajes sean más efectivos y promueve una comunicación respetuosa y empática.

En un artículo anterior titulado 3 pasos para la asertividad te contaba acerca de esta valiosa herramienta y cómo utilizarla con la técnica que se define cómo asertividad subjetiva, hoy veremos otras técnicas de comunicación que te pueden ayudar a decir NO.

Claves para decir NO:

  1. Sé concreto en lo que quieres decir, no te vayas por las ramas argumentando porque corres el riesgo de perder el foco.
  2. Habla en primera persona, desde ti, en lugar de desde “tú”
  3. Explica cómo te sientes, utiliza en tus diálogos “me siento”, “me hace sentir”, “siento que”
  4. Céntrate en los hechos, no en los juicios ni las interpretaciones.
  5. Pon en práctica una escucha activa, si escuchas de manera efectiva, esto facilitará que tu interlocutor te escuche. No interrumpas, deja que el otro se exprese, déjale su espacio. Si primero comprendes al otro, entonces te podrás hacer comprender.
  6. Aprende a observar al otro, ten en cuenta de tu interlocutor su postura al hablar, sus miradas, los gestos con sus manos, la comunicación no verbal puede llegar a ser el 90% de toda la comunicación.

Para lograr llevar a cabo estas técnicas es necesario que las practiques, para ello recuerda situaciones pasadas donde hayas querido decir que no, pero no lo has conseguido. Por ejemplo, ponte frente al espejo y recrea esta situación, pero en esta oportunidad diciendo que no, para ello ten en cuenta los factores que te he contado antes, pues entonces cómo lo dirías, cómo te verías, cómo te sentirías. La práctica hace al maestro. 

Puedes imaginarte lo que puede cambiar tu vida cuando te atrevas a decir NO o basta, lo que aliviarías el peso de tu mochila.

Te estarás reconociendo y respetando a ti mismo, sin dejar de reconocer ni de respetar al otro.

Recuerda también que, tú puedes influir en la conducta de los demás hasta cierto punto. Más allá de ese límite, el problema no lo tienes tú, sino la otra persona.

Hasta la próxima.

Si tienes alguna duda, o quieres que hablemos, pide una entrevista estratégica gratuita.

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