En la vida en general, pero concretamente creo que en la empresa es donde alcanza su clímax, o su punto álgido, tenemos tendencia a ir muy rápido, demasiado rápido, diría yo.

El “hacer” lo ocupa todo, consume todo nuestro tiempo, es insaciable, es voraz, y nos lleva a un espiral ascendente, que poco espacio deja para otras actividades muy importantes, además de claves en nuestra empresa. Actividades que deberías llevar adelante para mantener “sana” a tu empresa, y no perder foco de los objetivos marcados.

Si eres un director general, un gerente, dueño de una empresa, o incluso un empleado u operario, no deberías tener el 100% de tu tiempo ocupado en hacer cosas, deberías de tener un espacio para poder pensar, hablar y por supuesto discrepar. Es más, estos espacios deberían ser propuestos, incentivados e incluso aplaudidos, por la gerencia de la empresa.

Concretamente te propongo generar espacios donde se genere y busque la discrepancia, una discrepancia basada en argumentos y propuestas concretas. Que puedan ser planteadas a todo el mundo, por cualquier persona sin ningún tipo de distinción, sobre todo de cargo o jerarquía. Estas ideas o propuestas, por supuesto que bien fundamentadas, deben ser el caldo de cultivo, para que surjan nuevas ideas a llevar adelante, nuevos productos, nuevos servicios, compartir ideas y necesidades de nuestros clientes. Incluso, compartir nuevas formas de gestión, o cualquier otra propuesta que mantenga “viva” la empresa y sobre todo la pasión por lo que hacemos.

Entiendo perfectamente, que el discrepar puede darnos miedo, o que el debate pueda transformarse en una guerra (puedes tener experiencia en ello), que nos lleve por el camino del rencor o la desconfianza.

Tenemos que olvidarnos de visualizar la discrepancia como un enfrentamiento.

Discrepar debe conducirnos inevitablemente y de forma sistematizada, al diálogo, a un debate constructivo, que por supuesto ponga las diferencias sobre la mesa, pero también donde poder trabajar los matices.

El diálogo es muy positivo, pero para generar innovación, debe de producirse discrepancias, que nos permitan entrar en el camino de la evolución constante.


Nuestra cultura de empresa debe incluir la discrepancia positiva y constructiva como motor del cambio y de la innovación.


El discrepar no es confrontación, no es enfrentamiento, el discrepar debe ser el punto de partida de la evolución constante de nuestra empresa.

Y esto deberías de marcarlo a fuego en el ADN de la misma.

Hasta la próxima!!!

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