Por si no lo sabes, te cuento llevo algo más de 20 años desarrollando aplicaciones informáticas, sobre todo para el ámbito empresarial. Y uno de los principales trabajos que realizamos un día sí y otro también, es tratar de simplificar  la complejidad de un proceso en algo sencillo, automatizable y fácilmente repetible. En trabajos complejos, sorpresas, las justas…

Aunque no lo creas, algo similar te pasa a ti, digamos que en tu cerebro tienes una especie de programa “preinstalado”, que tiene como objetivo hacerte la vida más fácil con determinadas tareas, ya que de lo contrario, el colapso estaría servido.

Este programa te permite, ir poniendo una especie de post it virtuales, o etiquetas,  a todo lo que te pasa, y lo hace en fracciones de segundo. Toda la información la vamos agrupando, para que sea sencillo su manejo. Esto lo hacemos sin pararnos a pensar, al igual que los aviones modernos, este programa funciona como nuestro piloto automático personal, y lo hace a las 1000 maravillas. 

Imagina si nos tuviéramos que parar en cada detalle de cada situación, o en cada elemento que llega a nuestro “radar”, llevando un registro estricto de todo lo que captamos. Ya me dirás cómo podríamos manejar toda esa información individualizada, además de todo el tiempo que perderíamos en procesarla. Sería prácticamente imposible tomar una decisión.

Este programa que tenemos instalado en nuestro cerebro, es nuestro sistema de generalizaciones, que nos permite realizar evaluaciones del mundo en el que vivimos.

Pero en ocasiones, este sistema se convierte en una especie arma de doble filo; por un lado, nos permiten extraer conclusiones rápidamente, y seguir adelante, pero por otro lado, puede ser un obstáculo a la hora de cambiar o adaptarnos.

Por ejemplo, algunos generalismos típicos pueden ser: todos los hombres son iguales, nunca aprobare ese examen, todos los políticos son corruptos, no puedo confiar en nadie, mis empleados no me respetan, y así podría seguir indefinidamente.

Pero, por más experiencias negativas que puedas haber tenido, te pregunto: siempre se cumple al 100% que?: todos son…, nadie hace…, nunca podré…, siempre me pasa… Seguramente si te pones a pensar 2 minutos en ello, coincidirás conmigo que este nivel de rotundidad hace difícil avanzar hacia nuevos territorios o experiencias.

Lo que quiero proponerte hoy, es que si hay algo con lo que no estás conforme, simplemente rompe con la creencia sobre la que se basa.

Y para esto te dejo 2 preguntas, para que puedas comenzar el proceso:

La primera:

¿Cuáles son las creencias que te están impidiendo alcanzar tus objetivos?

Y la segunda:

¿Cómo cambiarías esa creencia que te limita, por otra que potencie tu objetivo?

Aléjate de los pensamientos únicos, no caigas tan fácilmente en las generalizaciones, sin duda, eso te llevará a tener una mente más abierta, sana y adaptable. ¿Te atreves a intentarlo?

Hasta la próxima!!!

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